:::: La flor entre rocas

La Sierra de Grazalema rompe a pedradas la campiña andaluza llena de cereales y olivares infinitos. Sus macizos calcáreos se yerguen como una muralla natural a los vientos atlánticos cargados de humedad, lo que hace que la zona sea la que mayor pluviosidad registra en la mitad sur de la península Ibérica. En lo alto de un peñón el blanco de Zahara florece entre los matorrales oscuros de laderas verticales.

Ensartada en el rosario de los pueblos blancos andaluces Zahara nos mira como encaramada en la roca. Antigua fortaleza morisca vigila desde lo alto el embalse de El Gastor. Por las matrículas de los coches parece que estamos en Bruselas en una cumbre de la UE, la mayoría de alquiler conducidos torpemente por británicos habituados al otro lado del volante.

Intentamos subir en nuestra furgo hasta el centro (costumbre urbanita), la pendiente se atraganta y continuamos a pie orientándonos por la torre del castillo, la distancia es corta, pero el desnivel se nota, como un presagio. Con razón la cabra montesa se cuenta entre la fauna local. Nos dejamos encantar por sus calles llenas de luz mientras avanzamos en busca de unas cervezas, en la terraza de un bar una camarera Marroquí con cerrado acento local nos pregunta si hablamos Español, por un momento parece que retrocedemos siglos entre risas. Por 30€, 3 personas degustamos 5 platos repletos de especialidades locales, jarras frías, tartas y cafés.

A primera vista, sólo con un track en el bolsillo más parecido a una colcha de retazos digitales cosidos con el hilo de la experiencia de nuestro guía Jorge Talus que a una ruta de MTB, las laderas del Monte Prieto que pretendemos ciclar parecen cuando menos trepidantes. Venimos a ciegas. No podemos menos que sentir mariposas en el estómago al preguntarnos cómo podremos bajar por esa zona y si podremos hacer todo el recorrido que tenemos en mente subidos en la bici.

Cae la luz y parece sonar de fondo un quejío ancestral, los cerros cobran formas escalonadas, como un llamado a preparar nuestras monturas, a velar las armas para acometer la conquista.

El cartel del Puerto de las Palomas marca 1.357m, nuestro GPS (mas fiable) 1.189m. Hasta aquí llegamos desde Zahara, mejor con remonte. Nuestro objetivo es descender hasta el embalse por una de las laderas del Monte Prieto. Hemos estudiado tres alternativas y decidimos hacer la ruta que va más alta por la cara Oeste,  que discurre a media ladera y parece un ondulante sube y baja.

La senda es un rastro de tierra roja sobre caliza, estrecha y con el borde exterior marcado con piedras que parecen advertencias del peligro de la caída, un fallo nos llevará a un aterrizaje donde los espinos serán nuestros mejores amigos. Aún así es rápida y técnica e invita a disfrutar de la conducción por un entorno inigualable. Salvo algún pequeño paso donde nos patina la rueda trasera en alguna piedra o escalón, podemos ir dando pedales casi todo el tiempo. Aunque disfrutamos de la tracción de la caliza, que en primavera está en perfecto estado, las vistas nos invitan a parar con frecuencia.

El embalse de Zahara-El Gastor aparece a nuestros pies como una mancha turquesa sobre el marrón de la tierra. Creado en 1995 para el riego de la campiña de Villamartín sumergió parte de la Cañada Real Sevilla-Ronda y las Salinas de Ventas Nuevas, solo el puente medieval que se desmontó y trasladó se salvó de sus aguas.

El llaneo da paso a zetas con más pendiente de bajada rápida y técnica donde tenemos que centrar toda nuestra atención, aunque también tiene tramos mas flow donde podemos soltar un poco el freno y notar como fluye la adrenalina. En ciertas zonas es tan aéreo que inconscientemente te arrimas más de lo debido al precipicio.

Llegamos a un collado desde donde podemos ver las dos caras del Monte Prieto. Aquí hay un paso bastante técnico donde es recomendable bajarse ya que hay una gran caída y más adelante habría que que bajarse de todos modos en una zeta cerrada y empinada que enlaza con otro tramo muy estrecho y divertido que baja hacia unas peñas en la zona conocida como Los Espartales.

Al norte divisamos los picos de Tajo las Grajas (Izquierda) y Tajo Algarín (derecha) entre los que pasa el límite provincial Cádiz-Málaga, Al fondo La Mesa de Ronda La Vieja, donde están las ruinas romanas de Acinipo. Al SE impresionante la Sierra de Libar, que cubre la Ciudad de Ronda.

En este collado sopla el viento de levante con fuerza, Es recomendable extremar la precaución en las zonas más expuestas del trazado. Aquí comienza un precioso sendero que nos deposita en una dolina que en época de fuertes lluvias almacena bastante agua, ahora estaba seca. Esta zona es conocida como los olivares.

Al llegar a las peñas de Los Espartales ponemos pie a tierra de nuevo y empujamos unos metros para rebasarlas. Los buitres leonados que sobrevuelan nuestras cabezas nos recuerdan que los errores se pagan caro, en Grazalema existe una de las colonias más importantes de Europa. Pasan tan cerca que podemos intuir su gran tamaño e increíble envergadura.

Pasadas las Peñas de Los Espartales el sendero, aunque marcado, comienza a desdibujarse, se nota que es poco transitado. Subimos una zona muy corta pero técnica y después comenzamos una bajada muy revirada y divertida por una estrecha senda  donde parece que estemos en un escenario de cuento.

Llega el descenso del último tramo de la cara norte de Monte Prieto por unas zetas con gran inclinación. Es un paso técnico donde esperábamos algo de porteo y pateo, unos trescientos metros alternando subir y bajar de la bici, mucho menos de lo que esperábamos y al ser cuesta abajo no supone el sufrimiento añadido de empujar el peso de la bici.

Pasados los trescientos metros, ciclamos otra parte de la bajada muy rápida, técnica y divertida. Una ventaja de una senda poco transitada es la soledad, la desventaja es que crece la vegetación y las desafiantes especies de matorrales se cobran algunos arañazos y nos dejan las piernas bastante tocadas. Es muy recomendable llevar las cubiertas en buen estado y por supuesto recambios de cámaras, parches etc. El terreno es abrupto y además de piedras cortantes hay tramos con diferentes tipos de abrojos, etc.

Entramos en una zona flow y rápida de sendero entre un pequeño pinar al paso por Los Ranchiles hasta un canchal de unos 50 metros que pasaremos andando. Seguimos bajando suave y rápido hasta una valla metálica a la derecha que en algún punto pisa el sendero, algo incomprensible, los más hábiles pasarán sin descabalgar. Bajamos bordeando la valla hasta el Arroyo de los Molinos, donde cruzaremos por una parte hormigonada cómoda de pasar hasta toparnos de nuevo con el turquesa del embalse en el Área Recreativa de Arroyomolinos-La Playita que el Ayuntamiento de Zahara tiene habilitada y a un precio bastante contenido. Un chapuzón nos curará los arañazos y flotando en sus aguas volveremos a contemplar desde abajo aquellas paredes que al llegar nos parecían imposibles. Ahora como un trofeo.

TrackMTB organiza viajes de Enduro/All Mountain a diferentes destinos en España. Buscando las mejores sendas y lugares donde disfrutar al máximo.

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