Suelta los Frenos, Psicología Deportiva: Lesiones… sin prisa pero sin pausa

Por Carla Rodríguez

El deporte es lo que tiene, que a veces los que lo practican sufren lesiones, ya sea por falta de entrenamiento, que lleva a forzar zonas del cuerpo de forma errónea, ya sea por sobre entrenamiento o por un accidente.

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En cualquier caso, una lesión implica tener que dejar de practicar lo que más nos gusta, durante un tiempo, con suerte días, sin suerte… algo más.

Pero… ¿debemos dejar de practicar deportes de riesgo por la posibilidad de lesionarnos? Por supuesto que no, sólo que debemos tratar de minimizarlas al máximo, y por supuesto tratar de aprender de ellas.

Las lesiones tienen mucho que decirnos de nosotros mismos y acerca de cómo estamos afrontando o viviendo el deporte, ya sea en competición o por ocio.

En el caso de deportistas que se inician en el ciclismo de montaña es muy típico encontrar dolores persistentes, que pueden desembocar en lesiones crónicas si no se tratan correctamente, muchas veces por aspectos tan sencillos como la colocación del sillín, las manetas, el reparto del peso en la mochila de hidratación, exceso de ropa cuando se monta,… errores comunes cuando uno se inicia y que todos hemos cometido. Lo que hay que tener muy claro es que montar en bici ha de ser una experiencia divertida, con la que se viven momentos incluso de placer al sentir la libertad, la adrenalina, el compañerismo y el disfrute con amigos.

La creencia de que cuando uno hace deporte y siente dolor es porque está trabajando intensamente es errónea y como amigos o compañeros de ruta sería bueno que aconsejáramos a “los nuevos”, y no tan nuevos, que se asesoren bien por profesionales del campo (fisioterapeutas) si sienten un dolor extraño que no sea que las piernas les arden en las subidas…

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Por otro lado, puede darse el caso, especialmente entre ciclistas más experimentados, de sufrir lesiones producidas por exceso de esfuerzo o sobre entrenamiento. Sabemos que la bici nos hace felices, y si por nosotros fuera saldríamos todos los días con ella, al trabajo, a la compra, de ruta, al Bikepark… Cada bordillo es una oportunidad de probar un bunny hop, las escaleras lo más parecido a una trialera urbana y cualquier terraplén en el parque un tobogán… Estamos de acuerdo y seguramente sea lo más sano para nuestra mente estresada. Pero también es cierto que nuestro cuerpo necesita descansar, y que todas las rutas y salidas no pueden ser al 100%, y que no siempre tenemos que hacer 40 km para haber hecho un buen entrenamiento.

Repetimos, montar con dolor no significa estar entrenando más fuerte, sino con menos conciencia de lo que nuestro cuerpo nos pide, y puede volverse en nuestra contra.

Para evitar las lesiones anteriores la principal recomendación es mejorar nuestra conciencia corporal, es decir, empezar a escuchar a nuestro cuerpo e interpretar lo que nos dice, no llevarle al máximo si ese día no está preparado, y quizá, no comprar ese componente nuevo y dedicar el dinero a una buena revisión y seguimiento de un profesional.

Una vez lesionados, toca el periodo de descanso y la consecuente “rallada”, que si esto no compensa, que si este deporte no es para mí, que si ya no estoy para estos trotes… mensajes negativos que la mente miedosa nos envía para cuidarnos y protegernos. Estos pensamientos pueden ser aún peores si la lesión viene de un accidente en bici, una mala caída o recepción en la que hayamos visto nuestra vida pasar ante nuestros ojos.

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En esos casos el periodo de descanso puede ser incluso peor, ya sea por lo que nosotros nos decimos o por lo que nos dicen las personas de nuestro alrededor, que obviamente se preocupan y quieren librarnos de esta adicción que sentimos por el riesgo. Es normal, ellos no pueden entrar en nuestra mente y cuerpo y experimentar la sensación de libertad y fuerza que se siente, así que sólo ven el lado negativo de la lesión.

Por otro lado, es corriente tras una lesión que al poco tiempo empecemos a sentirnos muy bajos de energía, esto se debe por un lado a la bajada de hormonas de la felicidad que nuestro cuerpo libera cuando practicamos deporte, y al descenso de adrenalina por nuestra sangre, unido a que por lo general no vemos tan a menudo a nuestros amigos/compañeros de ruta, por lo que nos faltan momentos sociales importantes en nuestra vida. Todos estos factores hacen que la emoción de la tristeza aparezca, aunque no seamos conscientes de ello, y esta emoción tiene la capacidad de reducir el metabolismo basal, con la consecuente pérdida de energía y apatía.

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Para superar una lesión correctamente, no sólo a nivel físico sino mental y emocional, tenemos que aceptar algunas cosas:

  • El cuerpo necesita tiempo para recuperarse de verdad y, como no somos deportistas de élite, el tiempo será el que el cuerpo necesite, ni más ni menos. Nosotros con nuestras sensaciones podemos ir valorando el avance, pero con precaución y sabiendo que si en algún momento nos hemos adelantado a los acontecimientos podemos retirarnos de la ruta, o bajarnos el paso andando. Nosotros sabemos lo que somos capaces de hacer, no es necesario demostrarlo cuando uno está lesionado.
  • Si la mente nota que en el cuerpo hay algo que no está bien, ella no estará bien. Así de simple. No nos responderá igual porque sabe que hay una parte del cuerpo que llegado el momento no va a responder como debe. Poco a poco a medida que nos vayamos curando la mente volverá a pedirnos “caña”, y es bastante testaruda, por mucho que queramos correr ella no cambiará de idea antes.
  • Tendremos emociones encontradas, por un lado seguiremos amando este deporte, querremos salir con nuestros amigos y experimentar todas las sensaciones positivas que nos aporta montar, y especialmente bajar, pero al mismo tiempo nos planteamos si merece la pena y sentimos miedo a volver a hacernos daño.

Para superar estos estados emocionales de apatía y temor, lo más recomendable es volver a conectar con la bici de una forma diferente a como se venía haciendo hasta ahora. Es decir, probar algo nuevo, con gente diferente, quizá en un viaje o un fin de semana (por ejemplo ir a una zona que llevemos tiempo con ganas de conocer y sepamos que las bajadas no son especialmente complicadas, o si hacemos normalmente Enduro o DH probar a hacer una ruta de cross country o una salida nocturna en familia). Estas nuevas sensaciones y vivencias generarán en nosotros unas conexiones nuevas en nuestro cerebro, que volverán a enlazar la bici con experiencias positivas y agradables.

En este periodo de descanso y recuperación se recomienda realizar un replanteamiento de objetivos y metas, para la temporada presente o para la que viene (ver artículo Buenos objetivos… Mejores resultados), y pensar en un objetivo a corto plazo que sea muy motivador y que nos haga tener un motivo potente y accesible por el que volver a la bici.

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