Nuestros amigos Miriam y Jérôme ya están casi tocando su destino final, recorriendo en estos días el tramo de Turís – Balazote, en el disfrutaron de los amigos, las fiestas locales y la gastronomía de la zona.

Desde Valencia tomamos la ruta de Torrent hasta Turís. Los caminos están perfectos para cicloturismo aunque a nuestro parecer un poco aburridos. Campos cerrados de naranjos, te sientes en una prisión al aire libre. Llegamos a casa de nuestros anfitriones esa noche, Silvia y Joseph, una pareja hispano-belga que nos acogió muy amablemente en su “casa sostenible”. Practican la Permacultura, no generan prácticamente nada de basura, es decir todo se reutiliza, aprovechan la energía del sol regularmente (hornos solares, habitabilidad inteligente, placas solares) y los productos (semillas, plantas, vegetales, etc) que comen son 100% ecológicos, y los cocinan realmente buenos. Y aprendimos muchas otras cosas que seguramente se me escapan. Mil gracias por enseñarnos todo lo que nos enseñasteis en una tarde.

Salimos el sábado dirección Sierra de Martés con la tranquilidad de dormir en un lugar al aire libre en el que podríamos disfrutar de algunas comodidades. Fue un día de subidas pero al llegar a la Fuente de Canaleja se nos olvidó todo. Llegamos temprano, así que hicimos un fuego en las barbacoas, lavamos ropa, comimos en los merenderos. Un lugar realmente tranquilo y muy bonito. Fue una gran recomendación por parte de Silvia y Joseph.

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Salimos de aquel lugar con mucha pena a pesar de que el día amaneció con niebla. Enfrentábamos el segundo día de subidas, y tras uno de esos descensos que te disparan la adrenalina, siempre acompañados de motoristas que aprovechaban el domingo en una carretera para disfrutar, subimos la última cuesta hasta Cofrentes.

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Un pueblecito muy simpático con un castillo impresionante, un valle donde se encuentran el Júcar y el Cabriel con el agua azul cobalto, y como nos contó un amable abuelito, unas tradiciones rudas – se lanzan al río en marzo con el frío que debe hacer – y un licor llamado Zurracapote que tiene que quitar todos los males después. Comimos en un parque, donde secamos la tienda y los sacos que la noche había helado, y subimos al bar más cercano a tocar un poco la vida normal y echarle un ojo al Barça-Atlético.

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Muertos de cansancio, bajamos hasta el llano del pueblo donde se encuentra la central nuclear de Almansa y pusimos la tienda sin dudar. Caímos como moscas. El tercer y último día de subidas lo tomamos con ganas, íbamos a cambiar de Comunidad Autónoma, pero cuando encaramos la salida de aquella Sierra de Martés, el aire nos recordó lo duro de este viaje. Todo llano y rodábamos más lento que en grandes cuestas, es desmoralizador. Habíamos parado en un pueblo llamado Jarafuel para comprar provisiones, ya que por aquellos lares es difícil encontrar algo más que los mercadillos semanales. Compramos para varios días, intentando llevar a cabo nuestra nueva técnica : comprar con 4 euros diarios para poder sostener el viaje durante más tiempo. Difícil pero se puede, incluso comes más sano. En mitad de una de las últimas arboledas que íbamos a encontrar, nos cocinamos una pasta a la boloñesa que nos supo a la de mamá. Una ducha en pleno bosque, donde un poco de sol nos alejaba del frío, nos relajó. Muertos de cansancio, nos metimos en la tienda para pasar una tarde de domingo : leyendo, escribiendo, hablando y tomando un paseo antes de la cena.

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Ya en la provincia de Albacete, el lunes el paisaje fue muy diferente. Llanos, campos de almendros en flor y el verde de los olivos nos parecieron algo precioso. Llegamos temprano a Casas de Juan Nuñez, un pueblecito donde parar a tomar algo caliente, reponer agua y buscar cobijo. Un bosque cercano nos sirvió de habitación. Otra tarde aprovechada al sol. Nos acostumbramos en los últimos días a hacer menos kilómetros y llegar más temprano al lugar donde dormimos, algo que te deja tiempo para disfrutar mucho más. Albacete nos esperaba el martes, con un sol buenísimo nos sentamos en la terraza de Nuestro Bar, un restaurante de comida típica que nos encantó. Un trato estupendo con recomendaciones muy acertadas; para repetir. La tarde fue un poco complicada. Buscábamos un lugar dónde dormir; ya que todo es llano, optamos por preguntar en casa de la gente a las afueras de la ciudad, pero no hubo suerte. Tras muchos noes, plantamos la tienda en un descampado, al lado de la Ruta Don Quijote que nos llevaría al día siguiente hasta Balazote, y a dormir. Nos despertamos de buena mañana, con un frío que pelaba y una ruta no apta para nuestras ruedas. Llegamos al pueblo tras una mañana horrorosa, fuímos hasta el parque cerca de la iglesia y nos percatamos por los trajeado de los zagales y el agetreo de la gente que habíamos pillado las fiestas. Después de comer se nos acercó un chico a preguntar hacia dónde íbamos, un ciclista que nos aconsejó preguntar a la Guardia Civil si podrían dejarnos dormir en las instalaciones de la Cruz Roja y así disfrutar de las fiestas del pueblo, y además descansar. Allí nos quedamos dos días, comiendo fritillas y difrutando de la corrida de la bandera en un final de fiestas que nos sacó varias sonrisas.

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